Zuri Mame se traslada a París para continuar sus estudios, ya que hablar francés le facilita el aprendizaje.

Mientras intenta acceder a la universidad, trabaja media jornada en una pastelería para poder mantenerse. Estudiar puede ser una herramienta para transformar el futuro, pero no está al alcance de todas las personas en igualdad de condiciones. En su día a día enfrenta racismo, dificultades para alquilar una vivienda por su origen y color de su piel, y también las consecuencias emocionales del duelo migratorio.

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