Pero llegaron las multinacionales extractivistas invadiendo silenciosamente
Primero los abogados con contratos, después las excavadoras. Compraron cada metro cuadrado de la tierra fértil sin importarles su valor afectivo y la memoria ancestral, muy importante para la comunidad. En cuestión de meses, los árboles de cacao fueron arrancados de cuajo para abrirle paso a campamentos de extractivismo del ferroníquel. Destruyeron el ecosistema y con ello la economía de las mujeres del pueblo. Y la cooperativa de chocolate, quebró.