Tras la presión organizada de la comunidad, las autoridades aceptan parar el proyecto.

Finalmente, se reconoce el derecho de la comunidad a participar en las decisiones y el barrio puede permanecer en su territorio.

La unión de las familias se refuerza y muestra la importancia de la organización colectiva. La experiencia se convierte en un ejemplo de inspiración para otras comunidades en la defensa de sus derechos.