La comunidad no consigue frenar el proyecto y las obras finalmente comienzan.

Varias viviendas son destruidas. Aun así, Zuri Mame y las personas del barrio no se rinden, resisten y mantienen la lucha por sus derechos. La movilización social crece hasta tal punto que las autoridades se ven obligadas a paralizar el proyecto. Sin embargo las grúas siguen amenazando el barrio y las intimidaciones no desaparecen.

En el proceso, la comunidad aprende que la lucha colectiva no siempre logra una victoria total, pero sí genera cambios y transforma a las personas y a la sociedad. Por eso, unidas, las familias reconstruyen las casas destruidas y fortalecen su organización comunitaria para protegerse y afrontar juntas los desafíos futuros.